Algunos apsectos del escudo oficial de la Escuela Bolivariana General Nicolás Silva


Samuel Leonardo Hurtado Camargo[1]

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El escudo oficial de la Escuela Bolivariana General “Nicolás Silva” data de mediados de la década de los años setenta, cuando es creada la Escuela Nacional Graduada “La Luz”, institución conocida posteriormente como Escuela Básica “La Luz”, la cual cambió de epónimo en 1987, cuando pasa a ser denominada Escuela Básica General “Nicolás Silva”, en homenaje al prócer luceño, héroe de la Independencia venezolana.

El escudo fue diseñado por los preceptores Nerio Torres Alvarado, para entonces director del Núcleo Escolar N° 82; Ángel Orosman Alzurú, y el médico de la población, doctor Jesús Trayero. De acuerdo a su forma, compuesto por una punta de base alargada, es característico de los escudos franceses y portugueses. A la vez, se halla dividido en tres cuarteles de forma triangular, distribuidos de la siguiente manera:

  • El cuartel central, ubicado en el borde superior hasta el punto de honor o parte central del cuerpo del escudo. Posee un fondo de color amarillo, que simboliza la riqueza del territorio luceño. Igualmente, se encuentra representado un niño hincado ante la imagen de Jesucristo y el Espíritu Santo, en demostración de la fe, esperanza de los pueblos y la supeditación del hombre ante los designios de Dios.
  • El cuartel izquierdo, ubicado en el borde lateral izquierdo hasta el punto de honor o parte central del escudo. Su color rojo simboliza la sangre derramada por los hombres y mujeres luceños en favor de la gesta de emancipación venezolana. Sobre el fondo se hallan una rama de algodón y maíz, dos de los principales rubros agrícolas producidos en la parroquia La Luz.
  • El cuartel derecho, superior en tamaño a los demás cuarteles, ésta ubicado en el borde lateral izquierdo y comprende además, parte de los bordes superior e inferior o punta. El lado superior posee un fondo de color azul que representa los ríos y caños que bordean el territorio luceño como el Apure, Masparro, Caipe, Cucuaro, entre otros. La parte inferior es de color verde, sobre la que se encuentra dibujada una palma llanera, típica de la vegetación en la zona, y dos vacas pastando, cuyo conjunto, representan la producción pecuaria.

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En la parte superior central del escudo se encuentra un libro sobre el que se encuentra una lámpara que simboliza la enseñanza y sabiduría de los hombres. Alrededor del mismo, partiendo desde el extremo del borde lateral izquierdo hasta el borde lateral derecho se encuentra el tricolor nacional en el que se halla la frase en latín: “Omnio Fecit Lucen”, que significa: “el hombre hace La Luz”. El escudo termina, en la parte superior con la inscripción “Escuela Bolivariana”, y en la parte inferior “General ‘Nicolás Silva’ / La Luz”.

 

 


[1]              Licenciado en Historia. Investigador PEII Nivel A, del Ministerio del Poder Popular para la Ciencias y Tecnología. Miembro fundador del Centro de Investigaciones Sociohistóricas Dr. Virgilio Tosta. Actualmente es Jefe de la Unidad de Patrimonio Cultural del Departamento de Cultura de la Secretaría del Poder Popular para la Cultura, Deporte y Turismo de la Alcaldía Bolivariana Socialista de Barinas.

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Las mutaciones del bronce: a propósito de los 39 años del Monumento a Los Conquistadores del Pico Bolívar en Mérida


Samuel Leonardo Hurtado Camargo

En el año de 1971 se constituyó en la ciudad de Mérida una Junta Pro-Monumento a Los Conquistadores del Pico Bolívar, integrada por el Doctor Carlos Chalbaud Zerpa (Presidente), Antonio M. Díaz (Secretario), Carlos Lacruz Bravo (Vocal), Francisco Anzil (Vocal) y el Doctor Luis Ruiz Terán (Vocal). Esta, como su nombre lo indica, tenía la finalidad de gestionar la realización de un monumento en honor a las personajes que el 5 de enero de 1935 habían conquistado la cima del Pico Bolívar, a la vez, que sirviera como “exaltación del Andinismo Patrio y valorización turística de la ciudad de Mérida”.[1]

El proyecto, ideado por Carlos Chalbaud Zerpa, comprendía la ejecución de un parque en el Parcelamiento Turístico El Valle Grande en el cual se erigirían “…cinco figuras gigantescas: el Prof. Enrique Bourgoin, el guía Domingo Peña, un nevadero que tira de las riendas de una mula y el célebre perro Copito que los acompañaba siempre”.[2] Para llevar a término éste proyecto, fue necesario abrir una suscripción pública, pues, el costo estimado entre el pago al escultor Gaetano Parise Mannarino[3] y la fundición de las obras, estaba valorado en ciento veinte mil bolívares, una suma que para el momento era bastante grande, si nos percatamos de las palabras de Chalbaud Zerpa, expresadas en El Vigilante, el 29 de diciembre de 1971, cuando dice: “la cantidad de dinero es para asustar a cualquiera”.[4]

La concepción del grupo escultórico a Los Conquistadores del Pico Bolívar fue completamente alegórica, según puede apreciarse en un artículo publicado en el rotativo merideño el 21 de noviembre de 1972, en el cual era señalado que en la figura de Enrique Bourgoin se había querido representar a todos los hombres “tenaces” que habían alcanzado la cima del Pico Bolívar. En la figura de Domingo Peña, que representaba el valor, se evocaba la imagen del campesino parameño. Mientras tanto, el Peón personificaba al pueblo merideño que había respaldado la idea de conquista del Pico Bolívar; la Mula, simbolizaba la resistencia de la montaña, y el Perro Copito, la fidelidad y la “…simbiosis entre el hombre y su mejor amigo”.[5]

La idea de erigir un monumento a Los Conquistadores del Pico Bolívar tuvo una gran receptividad, así lo demuestra el número de suscriptores que con sus colaboraciones hicieron posible la realización del monumento. Es importante destacar que dentro de la lista de contribuyentes están presentes no sólo altas personalidades de la sociedad merideña y del país u organismos del estado, sino también, organismos privados, al igual que algunos comerciantes de la ciudad de Mérida y público en general.

Aunque el monumento a Los Conquistadores del Pico Bolívar estaba previsto para ser inaugurado en diciembre de 1972[6], la misma se efectuó al año siguiente, precisamente, el 24 de febrero de 1973. En la ocasión se realizó un importante acto, que contemplaba, entre otros aspectos, la develación de las cinco esculturas, palabras inaugurales por el Gobernador del Estado Mérida, Germán Briceño Ferrigni, discurso de orden por Carlos Chalbaud Zerpa, palabras de reconocimiento por un descendiente de Enrique Bourgoin y, estreno de la “Fantasía a Los Conquistadores del Pico Bolívar”, compuesta por el profesor Rubén Serrano, director de la Banda Sinfónica de Mérida.

El acto de la develación de las estatuas correspondió a diferentes personalidades. En la ocasión Domingo Peña, “Guía de la Sierra Nevada” develó su propia estatua.[7] Acontecimiento éste sin precedentes en la estatuaria pública conmemorativa de la ciudad de Mérida y venezolana. La práctica común y la que siguió predominando era la de erigir un monumento a un personaje después varios años de muerto. Sin embargo, con Domingo Peña no ocurrió así, puesto que tuvo la oportunidad de ver erigida su propia estatua.  Mientras tanto, la escultura de Enrique Bourgoin fue descubierta por su esposa, Doña Ana María de Bourgoin; el Peón fue develado por el General Gustavo Pardi Dávila, para entonces, Ministro de la Defensa; la Mula fue develado por Virgilio Ángulo, en representación del Doctor Diego Arria, presidente de Conahotu; y los dos hijos del escultor Gaetano Parise Mannarino, descubrieron la escultura del perro Copito.

El monumento a Los Conquistadores del Pico Bolívar permaneció en El Valle Grande hasta el 8 de febrero de 1982, momento en que es trasladado a la ciudad de Mérida, a un parque llamado Los Conquistadores, ubicado en el Paseo Domingo Peña, conocido también como Paseo de la Feria[8], el cual fue reinaugurado el 19 de abril de 1982 como parte de los actos festivos de la conmemoración del 19 de Abril. El parque y grupo escultórico se convirtieron en uno de los lugares más publicitados por la Dirección de Turismo del Estado Mérida. A pesar de ello, ya para 1986 podía constatarse algunos daños ocasionados a las esculturas. Esta vez, a la estatua del doctor Enrique Bourgoin le había sido cercenado el piolet o piqueta de bronce que poseía en la mano izquierda y que lo caracterizaba como alpinista.[9]

Para diversos usos ha sido utilizado el Parque de Los Conquistadores, mejor conocido –a partir de los años noventa- como “Parque la Burra”. Especial interés resulta el hecho de que este espacio urbano se haya constituido en el lugar de concentración de las celebraciones anárquicas realizadas por la población estudiantil de la Universidad de Los Andes. El parque marcaba la culminación de un ritual celebrativo llevado a cabo por los recién graduados de la Universidad, quienes luego de una caravana por las principales avenidas de la ciudad, procedían como acto consagratorio a “montarse en la Burra”. Esta práctica cultural que comenzó con los egresados de la Universidad de Los Andes se extendió también entre los distintos estudiantes de los diversos institutos universitarios que existían en la ciudad y en el Estado Mérida. Del mismo modo, “montarse en la Burra” se convirtió en un acto importante dentro de las celebraciones que anualmente realizaban los recién graduados bachilleres. Con ello se demuestra como en el transcurso del tiempo operan diversos cambios acerca de los usos que la sociedad hace de los monumentos estatuarios, pues, aunque el grupo escultórico se realizó como un homenaje a Los Conquistadores del Pico Bolívar, éstos fueron más conocidos por la “Burra” y por las celebraciones que allí realizaban los egresados de las distintas instituciones educativas del Estado Mérida.

Aunque el Parque de Los Conquistadores también fue utilizado como lugar de esparcimiento y promocionado como uno de los sitios para ser visitados por los turistas, su abandono y lamentable estado de deterioro fue una constante que lo acompañaba a lo largo de la década de los noventa y comienzos del siglo XXI. Sin embargo, su situación de abandono obedece, más que a una falta de política de mantenimiento de los parques de la ciudad -que no ha existido realmente-, a la inconsciencia de los ciudadanos que visitan el parque, quienes, como es señalado en algunas notas de la prensa local,[10] dejan esparcida la basura por todos los espacios del mismo. A ello se le suman los daños causados a los monumentos estatuarios, los cuales, además de ser manchados en múltiples ocasiones con pintura de color blanco, han sido usados igualmente como pizarrón para los tags, nombre con el cual es conocido dentro del movimiento Hit Hot[11] la firma de los graffiteros, símbolos o signos con los cuales cada uno de ellos se identifica o representa y con los que quieren ser reconocidos.

Pero “la Burra” no ha parado de caminar. Para mediados del año 2008 el monumento fue trasladado a un paradero desconocido, para dar paso a los trabajos del trol Mérida, que poco a poco, se ha “comido” algunos espacios urbanos de la ciudad. ¿A dónde fue á para la Burra?, esa pregunta se la dejo.

NOTAS:


[1]           Carlos Chalbaud Zerpa, «El monumento va…», El Vigilante. Mérida, 17 de julio de 1971, p.5.
[2]           Idem.
[3]           Véase: «Gaetano Parise Mannarino: un gran escultor para un gran monumento», El Vigilante. Mérida, 29 de diciembre de 1971, p.1.
[4]           Idem.
[5]           «El monumento a los alpinistas será solemnemente inaugurado en diciembre», El Vigilante. Mérida, 21 denoviembre de 1972, p.1.
[6]           Véase: Idem.
[7]           Una importante descripción de los actos realizados en la inauguración del monumento a Los Conquistadores del Pico Bolívar aparece en: «Inolvidable por esplendoroso y señorial fue el acto inaugural del Monumento a Los Conquistadores del Pico Bolívar», El Vigilante. Mérida, 27 de febrero de 1973, p.1.
[8]           Al respecto, consúltese: «Donde tienen que estar», Frontera. Mérida, Venezuela. Martes, 9 de febrero de 1982, p.1; «Conquistadores del Pico Bolívar», Frontera. Mérida, 20 de abril de 1982, p.1
[9]           Véase: «Sin piqueta dejaron estatua de Enrique Bourgoin en Parque “Los Conquistadores”», Frontera. Mérida, 19 de mayo de 1986, p.17.
[10]                  Al respecto consúltese los trabajos periodísticos de Adelfo Solarte: «Las noches en el Paseo de la Feria ya no son para dormir», Frontera. Mérida, 31 de octubre de 1994, p.1b; «Basura debajo de la alfombra», Frontera. Mérida, 15 de febrero de 1995, p.1b. Otros trabajos que demuestran la situación de abandono del parque son los de: Yohana Pérez Chávez, «Un paseo conquistado por la sordidez», Frontera. Mérida, 8 de julio de 1999, p.2a; y, Benigno Villegas, «Un desafortunado paseo por el parque “Los Conquistadores” », Frontera. Mérida, 12 de enero de 2001, p.1c.
[11]         Hit Hot (ing.): Literalmente: hip ‘cadera’, hop ‘saltar, brincar’. Movimiento cultural que engloba el fenómeno graffiti, el break dance, la música rap, una forma de vestir (vestimenta), de peinarse (fade) y de bailar, y una determinada ideología (antidrogas, antirracista), nacido en los Estados Unidos en la década de los sesenta y con el cual se pretende reivindicar los propios valores del grupo y de la sociedad que habita los barrios populosos y degradados de las grandes ciudades norteamericanas. Véase: Ana María Vergara Tauste, Graffiti y pintadas Madrid: arte, lenguaje, comunicación. España: Universidad Complutense de Madrid-Departamento de Filología Española III, 1996. Disponible en internet: <http://www.ucm.es/info/especulo/-numero4/graffiti.htm&gt;. Consulta: 6 de diciembre de 2005.

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Indicios y pesquisas para el conocimiento histórico de la región barinesa: una mirada desde el periódico obispeño La Juventud (1883-1889)


La Juventud. Obispos (Barinas). 27 de Agosto de 1884. Nº 41. Colección: Biblioteca Nacional Biblioteca Febres Cordero (Mérida).

Samuel Leonardo Hurtado Camargo*

I.-Introducción

Compartiendo las afirmaciones del historiador Claudio Briceño Monzón,  «el siglo XIX  venezolano no se puede examinar sin recurrir a la abundancia de periódicos editados a lo largo y ancho del territorio nacional durante esa época»[1]. La prensa nos presenta a través de diversos testimonios la imagen retrospectiva de un país, sus provincias, pueblos o ciudades,  destacando los acontecimientos y sucesos de la vida diaria que fueron foco de interés entre los articulistas y editores.

A través de las distintas secciones, el periódico obispeño La Juventud, editado en la Villa de Obispos entre 1883 y 1889, por los jóvenes A. Reimí, Carlos Pavolini, José Antonio Torrealba Gutiérrez, y el Bachiller Ángel María Nieves, nos revela una serie de indicios y pesquisas útiles para el conocimiento histórico no sólo de la región barinesa, sino también del país, al ofrecernos en cada columna la mirada que desde la mal llamada «provincia» se hacía de aquellos hechos considerados de importancia en el resto del territorio, o mejor dicho, en la Caracas de aires afrancesados.

Los redactores de La Juventud trataron de abordar una variedad de temas, orientados a los distintos  gustos de la época, pasando desde la política hasta la crónica local,  literatura, economía, entretenimiento o avisos publicitarios. Por ello, aunque la política fuera el tema más recurrente,  las secciones que abarcaban las cuatro páginas impresas tendían a mantener cierta uniformidad, destinadas a complacer a cada tipo lector, porque, a ellos, se debía la existencia del periódico.

 II.-Un compromiso: la política

El tema de la política siempre fue de interés entre los redactores de La Juventud. No hubo momento en que en las columnas del periódico dejaran de aparecer sus apreciaciones acerca de la situación política imperante  en esa época. Nada extraño, por supuesto,  en la prensa venezolana de esos momentos. Así, cuando en el año de 1885, son publicadas en la prensa las manifestaciones  de apoyo a la candidatura del General Antonio Guzmán Blanco para la Presidencia de la República de Venezuela en el bienio 1886-1888, los redactores de La Juventud,  no dudan en expresar su apoyo al Ilustre Americano, tal como en meses anteriores lo habían hecho El Ideal de Libertad de Barinas y El Sur de Occidente de la población de  Guanare. En un artículo intitulado «Guzmán Blanco  y el país»,  se le informaba a los lectores que a pesar de la negación de Guzmán Blanco de aceptar la futura presidencia, la «Patria» que «…todavía necesitaba de sus servicios»[2]  lo elijería  Presidente, porque ésta le «impondrá» dicho cargo, aunque fuera  «contra su querer; pues no ha bastado ni bastará su voz, para hacer desistir á Venezuela de tan laudable propósito»[3]. «Así lo creemos y lo esperamos», decían las palabras finales del artículo. De la misma forma, La Juventud proponía como su candidato para la Presidencia del Estado Zamora en el bienio constitucional de 1886-1888, al «Benemérito General» Ovidio María Abreu, fundador del periódico liberal La Razón, y para entonces Secretario de Gobierno del citado Estado.

En los sucesivos números de La Juventud que circularon durante el año de 1885, será reiterada  la candidatura de Guzmán Blanco a la Presidencia de la República, y como muestra de ese apoyo, se publicarán en la sección de Remitidos los pronunciamientos que en diversos pueblos del Estado Zamora se hacían a favor de la propuesta. Uno de los primeros en publicarse fue el pronunciamiento de los habitantes del Municipio de Nuestra Señora de la Luz, fechado el 16 de agosto de 1885,  en cuyas líneas, firmada por más de 300 personas, decía

«…de nuestra genuina voluntad y sin excitación [sic] de ninguna Corporación ó persona particular nos reunimos todos los vecinos de este Municipio y transeúntes que se hallaron presentes al acto, con el patriótico fin de escoger el Candidato de nuestras afecciones para regir en el próximo período constitucional los destinos de la Unión Venezolana que tan acertadamente dirige el soldado del Deber Cumplido  el Héroe de Caño Amarillo, Benemérito General Joaquín Crespo; y sin desconocer que para hoy existen en la República muchos Ciudadanos capaces de guiar la nave en el golfo insondable de la política; nos decidimos por el Jefe y Centro del gran partido liberal de la Nación y Doctor en ciencias políticas Ilustre Americano Guzmán Blanco para pronunciarnos como desde luego nos pronunciamos y decimos:

Viva el Ilustre Americano General Guzmán Blanco aclamado por las mayorías venezolanas para presidir la Nación en el próximo período constitucional!

Viva el Benemérito General Joaquín Crespo!

Viva la paz  de la República!»[4].

 Al anterior pronunciamiento le siguió el de los habitantes de la Aldea  Coroso, jurisdicción del Distrito Barinas, realizado el 22 de agosto,  quienes, por ser «amantes» de la paz, el orden y el progreso,  y por estar  convencidos de que el Ilustre Americano era  el «Genio predestinado por la Naturaleza» para hacer de la «Patria» una «Nación enteramente próspera y feliz»[5], se pronunciaban por él para la Presidencia de la República en el próximo período constitucional.

«Creemos y así lo cree toda la República que Venezuela con el General Guzmán Blanco al frente de sus destinos, puede entregarse sin temor al trabajo que es nuestra divisa, porque sabe que él es guardián celoso que siempre están de pie  velando por la conservación de la paz»[6].

El General Antonio Guzmán Blanco, llamado por algunos historiadores como el «Autócrata Civilizador», dominaba desde el año de 1870 la política venezolana, y así lo hará hasta el año de 1888,  pues, a pesar de que no estuvo en todo momento en la cabeza del gobierno[7], ejerció una profunda influencia en la Venezuela de finales de siglo XIX, influencia que se traduce en el sostenimiento de la paz y en la transformación, o mejor dicho, en la «modernización» de Venezuela, «entendida dentro del espíritu positivista de la época de colocar al país en el sendero del progreso»[8]. Por lo tanto, no resulta sorpresiva la aclamación que a través de la prensa la población del Estado Zamora hace a favor de quien era considerado el «Genio de la Patria», o el «guardián celoso de la paz»

En febrero de 1886, previsto lo estipulado en la Constitución de 1881, era instalado el Consejo Federal encargado de nombrar al Presidente de la República.  La Juventud, en su edición del 20 de febrero, decía a sus lectores:

«Dentro de breves días estará elegido el Concejo Federal de cuyo seno saldrá el futuro Presidente de la Unión, y la patria espera alborozada ese día fausto en que podamos decir:

¡Viva GUZMÁN BLANCO,

Presidente de la República!

Así estarán satisfechas una de las más legítimas aspiraciones del pueblo venezolano, que no estará contento hasta que no vea transmitir el poder de manos del Héroe del Deber Cumplido á las del Regenerador de la patria.

Si: no dudemos por un momento que apenas faltan pocos días para que Guzmán Blanco esté sentado en la silla presidencial de la República»[9].

Efectivamente, el Ilustre Americano se encargará en el año de  1886 de la Presidencia de la República, pero sólo lo hará por muy poco tiempo, ya que a partir de 1887 se radicará definidamente en París.

Si bien, es cierto que La Juventud apoyaba rotundamente la presidencia de Guzmán Blanco, no por ello estaba de acuerdo a que éste se perpetuara en el poder. Así lo hizo saber en diversas oportunidades, cuando comenzó a perfilarse en la prensa nacional la idea de reformar el artículo 63 de la constitución vigente, que establecía el período presidencial de dos años, para alargarlo a cuatro años o más. Tal planteamiento fue duramente criticado por los redactores de La Juventud, quienes lo consideraban como algo innecesario y prejuicioso para el bien de la «nación», ya que violaba el principio de la «alternabilidad republicana».

El primero de febrero de 1887, en un artículo intitulado «Algo sobre la reforma», se le recomendaba a los «reformistas», lo siguiente:

«Dejemos que surja otro Presidente, para que así, como lo expresa el mismo General Guzmán Blanco, haya verdadera alternabilidad republicana.

Los pueblos se apasionan de tal manera, que á veces se muestran sordos a la voz de la razón. Y es que “hay amor, pero falta pensamiento; hay entusiasmo, pero falta previsivo cálculo”»[10].

Otro de los puntos álgidos referidos al aspecto político sobre los que La Juventud tomó partido, fue su propuesta del candidato para la Presidencia de la República para el período 1888-1890. Pronunciándose a favor del «Honrado y digno ciudadano» General Ovidio María Abreu, destacada figura política del momento, quien se desempeñaba como Presidente del Estado Zamora. Su candidatura, según decía en la primera página del periódico, del número 86, fechado el 19 de marzo de 1887, simbolizaba «paz, orden, progreso y garantías». Por tales razones, se hacía un llamado a la población y a los periódicos zamoranos para que se unieran a dicha propuesta.  Veamos el llamado:

«Pueblos de Zamora: levantad vuestra sonora voz: venid a trabajar con nosotros por el triunfo de una candidatura que es síntesis de libertad, de garantías  y de progreso. Es la candidatura de un hombre honrado; es la candidatura en fin de un benemérito de la patria.

Venid zamoranos de corazón, venid a cooperar en tan laudable propósito.

Nuestra pluma, aunque joven y desautorizada, estará siempre dispuesta a sostener con energía  la candidatura  que hoy asomamos, llenos de satisfacción  y de legítimo orgullo.[…]

Colegas de Zamora: formad con nosotros un solo partido: aquí os esperamos  para que, unidos y compactos, trabajemos sin tregua por la exaltación del General OVIDIO MARÍA ABREU a la silla presidencial de la República»[11].

Más adelante, en su edición del 30 de junio de 1887, al hacerse mención de la candidatura del General Abreu, se informaba en el editorial de La Juventud lo siguiente:

«La República necesita un hombre capaz de seguirla conduciendo por el camino de la prosperidad: un hombre que guarde culto a la libertad: un hombre que acate y respete la ley: un hombre que, amante fervoroso del orden constitucional, sepa sostener la dulce paz, cuando alguno intente manchar  de sangre el suelo patrio y rasgar el iris nacional. I ese hombre es el Gral. OVIDIO MARÍA ABREU, el que una y mil veces recomendamos, con la mejor fe, al sano criterio de los representantes del pueblo; porque Abreu, nadie podrá negarlo, es digno, muy digno de escalar las gradas del Supremo Poder de la Nación, no solamente por sus méritos personales, sino también porque reúne las cualidades requeridas para ser elevado a tan alto puesto»[12].

En esta misma tónica continuaron las notas de prensa que proclamaban la candidatura del General Ovidio María Abreu. A pesar de la polémica suscitada entre La Juventud y el redactor del periódico El Eco de Las Pampas, Doctor Francisco Javier Machado, quien no estaba de acuerdo con  la propuesta, la cual la consideraba innecesaria y prejuiciosa para el país, numerosos periódicos se unieron a la postulación de Abreu. En octubre de 1887, El Sur de Occidente de Guanare  publicó una lista de periódicos «abreistas», entre los que estaban: El Occidental, Caracas;  El Eco de las Pampas, Barinas; El Norte de Occidente, Barquisimeto; El Regenerador, El Baúl; El Porvenir, Tinaquillo; La Esperanza, Guanare; La Verdad, San Carlos; El Elector, San Carlos; El Republicano, Valencia; y El Sur de Occidente, Guanare.

Diversos periódicos, por el contrario, se pronunciaban a favor de otros candidatos. Lo importante a destacar en estos ambientes, era el rol que jugaba la prensa, como espacio para la discusión y el diálogo, llevando a cada rincón del país, los pormenores del tema político desarrollados en tiempos de elecciones. A la vez, nos permiten indagar acerca de las necesidades o carencias de los venezolanos, en donde la paz, parece constituirse en el sueño más anhelado de una población marcada por el signo de la guerra, constantes revueltas y alzamientos.

III.-Tres «males» que no terminan: inundaciones, sequías e invasiones de langostas

Si después de la guerra de Independencia y la Guerra Federal, el ambiente en los llanos aparecía ante los ojos de quienes los habitaban ó de los que se animaban a visitarlo, un tanto desolador, lo seguirá siendo durante todo el siglo XIX y principios del XX. Las constantes inundaciones acompañadas de períodos muy marcados de sequías, eran -y continúan siendo- un «karma» para los llaneros.

En las dos últimas décadas del siglo decimonónico abundan en la prensa del país los registros acerca de las inundaciones en los llanos, especialmente en 1883, año catastrófico para las poblaciones de Apure y Barinas. Aunque, en el período de invierno era común el desbordamiento de los ríos Apure, Santo Domingo, Caípe y Masparro, inundándose en algunos casos las llamadas «vegas» o campos productivos, se lograba, por otro lado, la apertura de redes fluviales aptas para la navegación y por consiguiente, el intercambio comercial con ciudad Bolívar[13]. No obstante, los  daños ocasionados por las lluvias entre 1882 y 1883 afectaron notablemente la economía de la región barinesa, incluso, algunos pueblos se vieron en la obligación  de mudar su asiento original, tal como sucedió con el de Nuestra Señora de La Luz,  ubicado en la margen derecha del río Masparro, el cual se trasladó a mediados de 1882 a un sitio localizado a  2,5 kilómetros distantes de dicho río.

El 22 de junio de 1883, El Siglo reproducía un artículo publicado en La Juventud, en la que describía las consecuencias de las inundaciones en la población obispeña, producto  de la «invasión» de las aguas del río Santo Domingo, que desde hacía siete años había comenzado a través del caño El Joval, a penetrar en el cause del Caño de Obispos, aumentado su volumen progresivamente. De aquí, según el periódico, «las grandes inundaciones que continuamente nos azotan, destruyendo hermosas plantaciones agrícolas  que demoraban en las cercanías de él; y de aquí también el rudo golpe que ha sufrido esta población, con la completa extinción de más de veinte casas, que han sido destruidas totalmente, y algunas otras que sus moradores han tenido que abandonar  por hallarse en estado de ruina»[14].

Pero, los daños no quedan allí, la Villa de Obispos había quedado para el mes de junio completamente incomunicada y «sin medio alguno de transporte», pues, las aguas habían destruido el puente que los comunicaba con las poblaciones vecinas:

«El puente de mayor consideración que acabamos de perder, y que se hallaba situado en la parte occidental de esta Villa, medía sesenta metros de longitud por cinco de latitud, formando en su mayor parte de grandes trozos de cedro y otras maderas, con su correspondiente casa techada de palma, embarandados sus costados y sostenidos por más sesenta horcones de corazón, y en un momento todo desapareció al impulso de las furiosas aguas que lo azotaban, dejando a numeroso pueblo, que se encontraba reunido presenciando la consumación del siniestro, lleno de la mayor consternación».

Las inundaciones continuaron durante ese año, afectando otras poblaciones cercanas a las corrientes de aguas de los ríos Masparro y Santo Domingo. En una misiva enviada por un habitante de San Fernando de Apure, al periódico Los Ecos del Zulia, daba cuenta de la situación vivida a mediados de septiembre en aquel poblado llanero, y de las noticias que «corrían» con respecto a la región barinesa. En dicha carta, el desesperado informante escribió:

«Continúa la creciente aunque lentamente; pero son tan fatales las noticias de Occidente que a ser ciertas, las aguas aquí llegarán a los techos. Se dice que las poblaciones de Zamora, Barinitas, Pedraza y aún el mismo Barinas se han inundado, y que las gentes están en las serranías ¿Cómo salvarse de esto si todo eso es cierto?  Ya no queda aquí seco sino un pedazo de la plaza de la Iglesia. Resistimos algunos con diques alrededores de las casas, pero el agua revienta por dentro y hay que achicar constantemente. Ningún auxilio de Guayana ha llegado! Esto será el ultimo día de Apure si Dios no dispone otra cosa»[15].

Un extenso artículo publicado en La Juventud, el 5 de julio de 1888, nos ofrece una interesante descripción acerca de los daños ocasionados por aquella inundación y de otros «males» que afectaban a la población obispeña. Veamos:

«Corría el año de 1883. En tortuosas eses el torrentoso Santo Domingo, seguía su curso con una marcada desviación al Sur, su cause ampliado por el continuado esfuerzo de su corriente, aunque peligrosa y larga, había hecho posible la navegación hasta confluencia con el Apure en la época de sus anuales avenidas. Sufrían las tristes consecuencias de sus desbordes, los pueblos sitos en la dirección de sus riberas, arrazando sus vegas, anegando sus campos y desarrollando fiebres  que diezmaban a los poblados que baña en su tránsito. Dando como única compensación de sus ocasionados  males, con puerto que dista á 5 leguas de Barinas por el que esportaba [sic] el distrito de su nombre los frutos destinados á Bolívar y que con riesgos mil mandaba el comercio por esa penosa vía.

En esta situación, sucediánse casi idénticos acontecimientos, hasta el invertino a que nos referimos, que con una recrudencia insólita, marcó con el sello de las calamidades públicas, el nuevo desagüe en que precipitó su violento raudal. Como una avalancha de desolación y ruinas se lanzó en el Caípe y en virtud del declive más pronunciado y de la tendencia que tienen todas las vertientes  que bajan de la Cordillera regando nuestra sección, en seguir en líneas paralelas hacia Oriente, rompió la barrera que le separaba del caño de Obispos para apropiarse de sus más recta dirección con todo el continente de su gigantesco crecimiento. En la época que mencionamos el caipe era un pequeña ramal que separándose del río Santo Domingo como una legua antes de su paso por la C. de Barinas volvía a ingresar en su cause primitivo después de formar una isla de tres leguas de longitud por medio de latitud en su parte más ensanchada.

La población de Obispos, situada a la margen izquierda del caño de su nombre, cuyas estancadas aguas se evaporaban en el verano, sufría por escasez de agua potable, suministrándose de alguna manera la calidad que le producían algunos jaguelles insuficientes para llenar cumplidamente tan apremiante necesidad.

Sus moradores, con el paciente carácter que les distingue obviaban este gran inconveniente mandando por el indispensable elemento a una legua de distancia; soportando la escasez sin pedir con justo reclamo la ayuda del gobierno.

La agricultura estaba en auge. En las riberas del antiguo caño descollaban florecientes vegas, aunque con el inconveniente de tener que sustentar fuertes palizadas que las favoreciese del ganado, que en la época de la sequía invadía el plan del caño atraído por los lamederos de sus salitrosa greda y por el abundante pasto de los plantíos a que penetraba por sus accesibles puntos, con detrimento del sembrador, que muchas veces castigaba las invasiones con la mutilación ó muerte de algunas reces»[16].

Días después, en La Juventud, en su edición del 12 de julio, continuaba el artículo:

«El volumen inmenso del impetuoso torbellino incapacitado de contenerse en la estrecha y poco profunda cuenca del caño, derramó su gran exceso arrastrando las plantaciones, casas campestres, parte de la población de Obispos e inundando el resto de todo el litoral del caño que seguía hasta su unión con el Masparro […]

Las autoridades de este Distrito en vano trataron de calmar la consternación y el espanto, y lo que es más triste el decir, en vano clamaron a los concejos de los distritos cercanos, por socorros para un atribulado pueblo y por su ayuda para alejar el constante peligro de sus amenazadas vidas y salvar los pocos intereses que había respetado la catástrofe»[17].

Si además de sus males, la abundancia de agua en las temporadas de lluvias traía «beneficios» para la producción agrícola y daban pie al desarrollo de una ganadería de trashumancia, el período de sequía no será tan consolador, el agua se convertía durante seis largos meses en una de las primeres necesidades: «Primero anegados con el agua hasta la garganta, arruinados; y luego…secos, careciendo de una gota del preciado líquido con que aplacar nuestra sed»[18], decía un artículo firmado por A.B, y publicado en julio de 1888, en donde se ponía de manifiesto la carencia de agua en la población de Obispos. Pero, esta vez no era por factores naturales, sino por la mano del hombre. El Concejo Municipal de Barinas había ordenado la desviación del cause del río Santo Domingo, que durante el verano le proporcionaba -con ciertas limitaciones- el agua a los obispeños. A pesar de los inconvenientes suscitados por la disposición de la municipalidad de la ciudad barinesa, los problemas no trascendieron a conflictos mayores, sin embargo, demostraba que los roces entre ambas poblaciones aun continuaban, recordemos que desde la colonia la Villa de Obispos y la ciudad de Barinas mantenían la disputa por la supremacía económica y el control del poder político.

Otro de los «males» que hizo estragos en el territorio barinés fue la invasión de Langostas, insecto que desde 1880 había comenzado ha destruir los campos de cultivos existentes en el territorio venezolano. Las noticias en la prensa revelaban que la procedencia de la plaga correspondía de las vecinas poblaciones de Colombia, que desde 1874 se veían afectadas por el devastador insecto. Luego que se registraran las primeras noticias sobre la invasión de langostas en Maracaibo, en mayo de 1881, ya para finales de ese año, las mayorías de los campos de cultivos en dirección noroeste habían sido visitados por la plaga.

La invasión afectó de tal manera las producciones agrícolas, que los distintos gobiernos regionales se vieron obligados a emitir decretos oficiales en los que se establecía como un «deber de todo ciudadano» participar en la destrucción de la langosta. Así lo hizo Juan José Canales, Presidente del Estado Zamora, mediante un decreto, fechado en Guanare, el 20 de octubre de 1884, en el que se facultaba a los Jefes Civiles de los Distritos, Municipios, Aldeas y a los Comisarios de los Caseríos y Vecindarios, para que se pusieran «a la cabeza de los vecinos de sus respectivas localidades», con la finalidad de obtener los mejores resultados. De no  ser así, serían penados por la Ley[19].

En Obispos la presencia de langosta se registró a principios de 1885, convirtiéndose en el principal azote de las plantaciones agrícolas. A pesar de ello, los obispeños no le habían prestado la debida atención al problema, como bien se evidencia en un una nota de prensa publicada en La Juventud, el 10 de noviembre de 1885. Los redactores del periódico recomendaban tomar medidas «serias» a fin de extirpar la desoladora plaga que aumentaba cada vez más y con ella sus perdidas, «pues es claro que mientras mayor sea el aumento de ellas mayores serán sus perjuicios. Más que probado está que con alguna constancia, fácilmente se destruye la maligna plaga, cuando está en estado de larva o saltona; no sucediendo lo mismo cuando vuela»[20]. Para entonces, el insecto se encontraba en el primer «estado», por lo que era necesario iniciar las labores conducentes a su destrucción. No conforme con las citadas recomendaciones, la mencionada nota se acompañó del decreto oficial sancionado por el ejecutivo del Estado Zamora, el 20 de octubre de 1884, referentes a la participación de los pobladores en la destrucción del insecto.

Al año siguiente, el 6 de marzo de 1886,  la langosta continuaba haciendo estragos en los escasos cultivos que aún existían en la Villa[21]. Dos meses después, según información publicada en  Brisas del Llano, las autoridades municipales de Obispos habían ordenado «perseguir y extirpar» todos los enjambres de langostas que aparecieran, con la finalidad de «salvar  de la voracidad del funesto insecto» las siembras que en ese momento practicaban los agricultores[22]. En los meses siguientes parecía que dicho insecto había desaparecido, sin embargo, en marzo de 1887, La Juventud notifica nuevamente la presencia de langostas en territorio obispeño, pero sin mayores daños[23]. Posteriormente, en agosto de 1889, volvieron a  aparecer estas «alimañas», informaba El Amanecer, causando algunos daños en las sementeras[24]. No siendo así en 1891, de acuerdo a la información publicada en el periódico obispeño El Heraldo, en cuyas líneas decía:

«Ha caído sobre los campos de este Municipio tal acopio de este voraz insecto que no ha dejado nada en las sementeras: especialmente en los maíces veraneros los cuales ha asolado totalmente.

Triste porvenir se desdibuja en lontananza. ¡La miseria y el hambre con todos sus horrores!

Si Dios nos mete su mano poderosa, dientones nos pondremos muchos; pues la pura carne de ganado no da el alimento necesario para la vida»[25].

 

V.-Consideraciones finales:

           

En fin, como hemos apuntado en las líneas precedentes, la prensa constituye una fuente de inagotable valor para el conocimiento histórico. Nuestro reto como investigadores es «desempolvar» y sacar a la luz esos «papeles viejos», desconocidos por la mayoría de nuestra sociedad, para así logra un mejor diálogo e intercambio de saberes que contribuya al rescate de valores y al fortalecimiento de nuestra identidad regional.

 


*              Samuel Leonardo Hurtado Camargo. Licenciado en Historia por la Universidad de Los Andes (2007) con la Memoria de Grado: La Estatuaria Pública Conmemorativa de la ciudad de Mérida (1842-2006): Análisis Histórico. Es igualmente Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural por la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (2009). Actualmente cursa la Maestría en Historia de Venezuela por la Universidad de Los Andes-Mérida y se desempeña como Jefe de la Unidad de Patrimonio Cultural del Departamento de Cultura de la Secretaría Ejecutiva del Poder Popular para la Cultura, Turismo y Deportes de la ciudad de Barinas.

[1]              Claudio Briceño Monzón, «La prensa como fuente de investigación histórica», Boletín del Archivo General del Estado Mérida. Mérida: AGEM, año 7, nº 4, enero-diciembre 2004, p.107.

[2]              «Guzmán Blanco y el País», en Variedades de La Juventud. Obispos,  23 de agosto de 1885, año III, mes IV, nº 67, p. 2.

[3]              Ídem.

[4]              «Pronunciamiento», en Remitidos de La Juventud. Obispos, 16 de septiembre de 1885, año V, mes III, nº 69, p. 3.

[5]              VV.AA, «Nuestra opinión», en Remitidos de La Juventud. Obispos, 16 de septiembre de 1885, año V, mes III, nº 69, p. 4.

[6]              Ídem.

[7]              Los años de gobierno del General Antonio Guzmán Blanco se dividen en tres etapas: El Septenio (1870-1877), considerado como el más brillante de sus tres períodos. El Quinquenio (1879-1884), en donde su labor progresista continúa, sin embargo, acentuó su carácter dictatorial; y El Bienio o Aclamación (1886-1888), el cual no lo ejerció completamente, ya que en 1887 viaja a Europa, radicándose definitivamente en París.

[8]              Enrique González Ordosgoitti, «Para un estudio de la lucha cultural durante la Presidencia de Guzmán Blanco de 1870-1876», Tierra Firme (Revista de historia y ciencias sociales). Caracas: Fundación Tierra Firme, abril-junio, año 6, vol.VI, p. 191.

[9]              «Congreso Nacional», La Juventud. Obispos, 20 de febrero de 1886, año III, mes X, nº 76, p. 2.

[10]             «Algo sobre la reforma», La Juventud. Obispos, 1 de febrero de 1887, año IV, mes IX, nº 84, p. 2.

[11]             «Nuestro Candidato», La Juventud. Obispos, 19 de marzo de 1887, año IV, mes X, nº 86, p. 2.

[12]             «Avanzamos»,  La Juventud. Obispos, 30 de junio de 1887, año V, mes II, nº 89, p. 2.

[14]             El Siglo. Caracas, 22 de junio de 1883.

[15]             «Recortamos», Los Ecos del Zulia. Maracaibo, 25 de septiembre de 1883, año IV, serie 37, nº 859.

[16]             «Al criterio público», en Colaboración de La Juventud. Obispos,  5 de julio de 1888, año VI, 2da. época, nº 97, p. 4.

[17]             «Al criterio público», en Colaboración de La Juventud. Obispos,  12 de julio de 1888, año VI, 2da. época, nº 98, p. 3.

[18]             A.B., «Tras de roto, descosido», en Colaboración de La Juventud. Obispos, 26 de julio de 1888,  año VI, 2da. época, nº 100, p. 3.

[19]             Este decreto fue dado a conocer a la población zamorana el mismo 20 de octubre de 1884, mediante su publicación en el número 80 de la Gaceta Oficial del Estado Zamora.

[20]             «La Langosta», en Variedades de La Juventud. Obispos, 10 de noviembre de 1885, año III, mes VII, nº 72, p. 3 y ss.

[21]             «Langostas», en Crónica de La Juventud. Obispos, 6 de marzo de 1886, año III, mes X, nº 77, p. 4.

[22]             Al respecto,  confróntese: «Langostas», Brisas del Llano. Obispos, 31 de mayo de 1886, año I, mes IV, nº 6, p. 1; y  «Sigue», en Crónica de La Juventud. Obispos, 31 de mayo de 1886, año IV, mes I, nº 80, p. 3.

[23]             Véase: «Langostas», en Crónica de La Juventud. Obispos, 19 de marzo de 1887, año IV, mes X, nº 86, p. 4.

[24]             Consúltese: «Langostas», en Miscelánea de El Amanecer. Obispos, 1 de agosto de 1889, año I, mes I, nº 1,  p. 2.

[25]             «Langostas»,  en De Todo de El Heraldo. Obispos, 19 de octubre de 1891, año I, serie 1, nº 2, p. 4.

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A Vuelo de Pájaro: hagamos memoria


Samuel Leonardo Hurtado Camargo

hurtadosamuel@gmail.com

A pocos minutos de levantarme, luego de unas horas de dolor de cabeza producto de casi tres días continuos de estar frente de la PC adjuntando a la página web de nuestro departamento (http://patrimonioiamcypa.wordpress.com) el catalogo de la colección de litografías del Museo de Arte Colonial y Costumbrista “San Francisco de Asís” de la ciudad de Barinas, no dejo de sorprenderme de las noticias publicadas en la prensa regional. Al contrario de lo que me imaginaba, pensé que hoy al celebrarse el Día Nacional del Periodista, en honor a la aparición en 1818 del primer ejemplar del Correo del Orinoco, vocero de la gesta independentista, encontraríamos en las hojas o ediciones digitales de los rotativos barineses algunas referencias sobre el oficio del periodismo en la región llanera, no solo del hoy, sino del ayer. Pero no, no fue así.

Todo parece indicar -si leemos la prensa- que el periodismo nació, en lo que conocemos en la actualidad como estado Barinas hace unas dos o tres décadas atrás. Tanto en el periódico De Frente como en La Prensa, por solo citar dos de los ejemplares de mayor circulación, el “olvido” se constituye en el gran protagonista…En ambos prevalece una mirada “presentista”, donde el pasado, aquello que huele a “rancio” o “antiguo” no vale la pena recordar. Se olvida… se olvida de aquellos hombres y mujeres que en el siglo decimonónico se adentraron en la difícil tarea de informar, traspasando -como hemos dicho en diversas oportunidades- los límites de las comarcas, cuyos aportes son los ejemplos más claros del oficio conocido hoy como periodistas. Periódicos de 2 o 4 cuartillas, de notas o artículos muy “sustanciosos”, convirtiéndose en fuentes inagotables para la comprensión de nuestra historia, en los que se revela las formas de ser, pensar y actuar de quienes vivían en la mal llamada “provincia”.

Ese “vehículo del pensamiento” como bien lo ha dicho el José Antonio Torrealba Gutiérrez, al igual que el resto del territorio venezolano, estuvo signado durante el siglo XIX y mediados del XX por la presencia de un conjunto de rotativos, algunos de larga duración, otros, de existencia efímera, que ocuparon espacios muy particulares dentro de la vida social y política del momento, contribuyendo, sin duda, al intercambio de ideas y diálogos entre los ciudadanos. Permanencia que va depender fundamente del esfuerzo y lucha constante llevada a cabo por los fundadores de los impresos, quienes a la vez, actuaban como sus redactores. Tal es el caso del mismo Torrealba Gutiérrez y del Bachiller Ángel María Nieves, quienes movidos por el interés de informar, se convertirán, conjuntamente con otros jóvenes de la época, en los forjadores de un proyecto periodístico cuyos frutos estarían vigentes hasta las primeras décadas del pasado siglo XX.

Con el deseo de resarcir tal olvido y de contribuir al fortalecimiento de nuestra memoria, haré un pequeño recuento de la hoja de vida del Bachiller Ángel María Nieves y José Antonio Torrealba Gutiérrez, recordando y solicitando de antemano mis disculpas por alguna letra de más, productos de las secuelas de la migraña que aún me invade.

Raíces Obispeñas: La Juventud

El Bachiller Ángel María Nieves había nacido en Obispos el 19 de febrero de 1866, contaba con apenas 17 años de edad cuando con otros coterráneos de la mencionada población llanera deciden fundar el 26 de abril de 1883 un periódico manuscrito intitulado La Juventud, “periódico liberal, independiente y progresista”. Era entonces el más joven de los fundadores del periódico, y paradójicamente, fue quien con su dedicación y empeño logró alargar la vida del rotativo desde 1885 hasta 1889. Siempre fue claro en sus ideas y cuando en una oportunidad se quiso señalar que su padre tenía ingerencia en la redacción de La Juventud, él respondió, con cierto “aire” de molestia:

“Sépase. Que el redactor de este periódico tiene veinte y un años cumplidos, y por consiguiente es el ÚNICO responsable de sus actos. Hacemos esta ad¬vertencia porque no han faltado quienes, encontrándose aludidos en tal ó cual artículo ó suelto de La Juventud, quieran hacer a nuestro padre, soli¬darios con las ideas que emitimos, cuando ninguna ingerencia tiene en esta publicación”. Más adelante, reiteraba: “Somos los ÚNICOS que escribimos y respondemos de lo que aparezca sin firma en la sección editorial”.

La aclaratoria había aparecido en La Juventud, el 12 de octubre de 1887. Con ella, Nieves ponía en aviso a sus detractores y asumía sus responsabilidades como redactor del periódico. En ningún momento se vio obligado a cambiar su pensamiento, por el contrario, el periódico fue una ventana abierta sobre la cual estampó sus ideas acerca de la política del país y de las claves para su desarrollo. En varias oportunidades entró en la discusión pública con otros medios de la región, especialmente cuando se trataba de las propuestas para los candidatos a la Presidencia de la República y del Estado Zamora. Un ejemplo ilustrativo fue lo sucedido con el redactor de El Eco de Las Pampas de la ciudad de Barinas, Doctor Francisco Javier Machado, quien señalaba en un artículo publicado el 31 de marzo de 1887, que había sido una «sorpresa» el hecho de que fuera un periódico como La Juventud y no un órgano de las «mayorías zamoranas», tales como El Sur de Occidente, el que lanzara a la luz pública el candidato para la presidencia de la República para el bienio 1888-1890. Además, consideraba tal acción como una actividad innecesaria, pues, según él, correspondía al Presidente del Partido Liberal señalar al candidato… en una especie de: se toma y se acata. Quien hacía tales cuestionamientos, era nada más, y nada menos, que su amigo y profesor de bachillerato. Pero, no por ello dudaría en defender sus planteamientos.

El número 88 de La Juventud, fechado el primero de junio de 1887, parece estar dedicado completamente a la candidatura a la presidencia de la república del General Ovidio María Abreu. En la editorial del periódico Ángel María Nieves escribió:

«No nos arrepentimos ni nos arrepentiremos jamás de lo que hemos hecho; por el contrario cada día estamos más firmes en nuestros propósitos. Y es lógica esa satisfacción dada la circunstancia de haber procedido ingenua y espontáneamente é inspirados siempre en el bien de la patria y en las prácticas de la libertad.
Para el Gobierno liberal debe serle altamente satisfactorio ver que la prensa inicie esas cuestiones del mayor interés para Venezuela; pues sólo así po¬drá conseguirse una discusión franca y republicana, discusión que; dadas nuestras actuales instituciones, no hace otra cosa que influir en el ánimo de nuestros representantes, para que ellos, que es a quienes toca hacer la elección, escojan de su seno el ciudadano que sea digno y con suficientes aptitudes para ocupar el primer puesto de la nación»


Político y Periodista

Mientras fue redactor de La Juventud, Ángel María Nieves se ocuparía también de la Secretaría del Concejo Municipal del Distrito Obispos, a la cual había sido asignado en diciembre de 1885, y posteriormente de la Secretaría de la Jefatura Civil de mencionado Distrito, presidida por su amigo José Antonio Torrealba Gutiérrez, oficio que renunciaría en junio de 1889.

Posiblemente Ángel María Nieves se radicó en la ciudad de Barinas a me¬diados de 1890, ya que a finales del año anterior había sido electo Diputado Suplente de la Sección Zamora para la Legislatura del Estado homónimo. Ya para el mes de agosto de 1889 había fundado en compañía del General Fernando Balbuena un semanario llamado El Occidental. Aunque éste periódico circuló hasta fines de 1891, demostraba el interés de Nieves por continuar en los albores del periodismo. El Occidental había salido durante casi todas las semanas del año de su circulación, poseía un amplio cuerpo de noticias regionales, con especial hincapié en las relacionadas con la Villa de Obispos, recogiendo un importante número de noticias que otros periódicos de la época no lograron compilar.

Años más tarde, en 1900, Ángel María Nieves se desempeña como director y redactor de El Triunfo Liberal, un periódico político, de literatura, ciencias, artes, industrias, comercio, comunicado y anuncios, editado en Libertad de Barinas, y cuyo Administrador era el General Juan Bruno Delgado. Posteriormente, entre 1906 a 1909 se residencia en la ciudad de Guanare, hasta mediados del mencionado año, específicamente en octubre, fecha en la que el periódico La Unión Zamorana de Barinas, informaba que éste había sido nombrado Presidente de la Asamblea Constituyente del Estado que promulgaría el canon constitucional que serviría de sello al proceso de reintegración de los territorios de la antigua Provincia de Barinas, a su condición de Estado Soberano. En 1910 aparecía como colaborador del semanario El Renacimiento, un periódico barinés que había circulado durante ese año, y entre 1915 y 1933 colaboró igualmente en el periódico gomecista Patria y Unión, uno de los órganos informativos de más larga duración editados en la ciudad de Barinas en el siglo XX.

Como hemos visto Ángel María Nieves no se apartó de la actividad periodística, pero tampoco lo hizo con la política, en la que también tuvo destacado desempeño. Desde que en 1912 fue elegido Secretario General de Gobierno del Estado Zamora, ocupó éste importante cargo durante más nueve años. Lo que demostraba sus capacidades en la administración regional.

Nieves murió en la ciudad de Barinas el 20 de junio de 1956, a la edad de noventa años, dejando un importante legado en el periodismo barinés, el cual, en el transcurrir del tiempo ha sido olvidado.

También de la Villa

En lo que respecta a José Antonio Torrealba Gutiérrez, su hoja de vida tiene unos vacíos que hasta los momentos no hemos logrado llenar. Entre ellos su fecha de nacimiento, y su procedencia. Virgilio Tosta, ha señalado que posiblemente Torrealba Gutiérrez era descendiente de Pedro Torrealba Reguerón, quien instaló la primera imprenta en Obispos en el año de 1851. Sin embargo, no existen suficientes datos que nos permitan confirmar tal planteamiento.

Aunque José Antonio Torrealba Gutiérrez fue uno de los fundadores y promotores de La Juventud, permaneció por muy poco tiempo en la organización del periódico, participando como redactor entre los años de 1883 a 1885, y como administrador en el año de1887. Posiblemente sus responsabilidades en la Vice-Presidencia del Concejo Municipal del Distrito Obispos en 1886 lo obligaron a separarse del periódico. No obstante, en ese año Torrealba Gutiérrez será el promotor de otros impresos que circularán en la Villa de Obispos, y dirigirá Brisas del Llano, un periódico quincenal que apareció a principios del mes de febrero, distribuido en un pliego de dos páginas a un costo de un cuarto de real, y cuyo lema decía: paz, orden y pro¬greso. Periódico de efímera duración, pues sólo se conocerán siete números.

Para José Antonio Torrealba Gutiérrez la prensa tenía un papel fundamental e imprescindible en el desarrollo de los pueblos. Así lo puso de manifiesto en un escrito publicado en LA Juventud, el 23 de agosto de 1885, en el que señaló:

«…La prensa, vehículo de pensamiento, es la mensajera del progreso y civilización de los pueblos; porque disponiendo por donde quiera los elementos constitutivos de la riqueza elemental de ellos, se atrae masas pobladoras, que las ensanchan y vigorizan, convirtiendo a las poblaciones raquíticas y casi sin vida, en verdaderos emporios de riqueza, que entran desde luego a tomar puesto entre los pueblos más adelantados».

Cinco años más tarde, José Antonio Torrealba Gutiérrez junto con E. Moreno crea, el 14 de septiembre de 1891, El Heraldo, un periódico que vería la luz «… cuantas veces pueda en el mes», distribuido en cuatro páginas con informaciones de intereses generales. El Heraldo correría con la misma suerte que Brisas del Llano, sólo circulará en el año de 1891. Posteriormente, en 1903, funda en la ciudad de Barinas, El Restaurador, vocero político que apoyaba la candidatura del General Cipriano Castro, el cual circularía hasta el año de 1904, cuando Torrealba Gutiérrez inicia la redacción en Barinas de un nuevo periódico llamado El Barinés, editado, aunque con diversas interrupciones, por un lapso de dos años. Será éste, el último periódico dirigido por José Antonio Torrealba Gutiérrez, quien falleció en la ciudad de Barinas el 25 de septiembre de 1908.

Lejos de hacer un estudio biográfico, el recorrido, -a vuelo de pájaro-, de la vida de Ángel María Nieves y José Antonio Torrealba Gutiérrez, nos confirma la trascendencia de estos dos personajes en la historia del periodismo barinés, al ser ellos, unos constantes y asiduos periodistas, que confiaban y comprendían la importancia de la prensa en la transformación de los pueblos.

En algún lugar de la Ciudad de las estatuas, 27 de junio de 2010. / 09:29 pm.

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Deseos de Leer ¿Curiosidad o Necesidad?


Confieso que me resulta algo “aterrador” o poco grato utilizar el transporte público tanto de las áreas urbanas como suburbanas del estado Barinas, no precisamente por la gente con las que se pueda compartir sino por lo pésimo del servicio y la falta de educación, con salvadas excepciones, de unos conductores que parecen, en la honda de hoy, “unos explotadores” del ciudadano. Reconozcámoslo, y no es que me quiera justificar, ¿a quien no le resulta de mal gusto que luego de varias horas de trabajo, en medio del calor típico de nuestra ciudad, tengamos que escuchar durante varios minutos las “cadenas” de un grupo de personas, que como si bien estuvieran cronometradas nos cuentan unas historias en la que al final terminan diciéndonos “mil bolívares no enriquecen o empobrecen a nadie”, “esto no pica, ni muerde, ni come”?. ¿Un problema de nuestro tiempo? Quizás, pero eso es otro tema, me remito entonces a compartir con ustedes otra experiencia que hacen olvidar o por lo menos recompensa lo antes descrito:

En las dos últimas oportunidades que he decidido recurrir al transporte público para trasladarme a mi “aldea” han sucedido dos cosas algo “extrañas”, pero que me complacen mucho. Acompañado de mi “kits” de supervivencia, pues la “tortura” no termina en esos cuentos cortos, sino que en la mayoría de las ocasiones tenemos que, respetando los gustos de los demás, escuchar las diversas notas de un vallenato durante todo el camino. Así que además de mi mp3, procuro llevar algún libro o revista para hojear y leer en lo que sea posible.

Hace unos quince días tenía entre mis manos una edición especial de la revista Memorias de Venezuela del Centro Nacional de la Historia (CNH), la cual versaba sobre la Independencia de Venezuela. Entre la música que escuchaba procuraba concentrarme en revisar cada una de las páginas de dicha revista, sin embargo una mirada ajena me desconcentraba por ciertos momentos. Para mis acompañantes de camino como que les resultaba poco común observar a alguien leer mientras se viaja. Bueno eso fue lo que pensé al principio. Pero por lo visto estaba equivocado. Una de las personas que me acompañaba me solicitó con cierto temor que le prestara la revista, y así lo hice. Lo cierto fue que la señora Rosario empezó a leer leer y hojear cada una de las páginas del mencionado impreso. Posteriormente, y al observar su motivación, le expliqué que la misma era una edición del CNH, que era una publicación gratuita que podía adquirir en las Red de Librerías del Sur distribuidas en todo el país. Ella con asombro solo dijo: ¿Si?, y yo se lo terminé de confirmar dándole la dirección exacta de la sede de la librería en la ciudad. Bueno, al final terminé obsequiándole la revista, pensé que era una “rareza” lo ocurrido.

¿Rareza? Así pensé, no obstante ayer pasó algo similar. Al son de los temas de discusión acerca de los “Colores del Patrimonio” que han aparecido en la prensa regional, decidí volver a releer el libro “La Ciudad de las Mansiones Blancas” del escritor barinés José León Tapia, publicada en el año 2002, en los que de manera sintética el autor hace un recorrido por la historia de nuestra ciudad. Una vez que lo revisé de manera rápida como por unos diez minutos, el vecino de camino me solicito que le permitiera revisar el citado libro. Desde entonces mi curiosidad comenzó a aumentar, y empecé a hacerme preguntas. Pues pocas veces en menos de un mes dos personas terminaban leyendo los impresos que tenía, claro, esta vez no le dejé el libro, solo se lo presté mientras llegaba a casa. Mi asombro aumentaba al observar como con tanto interés esa persona leí y leía, y al final antes de bajar, me dijo “buen libro”.

Pienso entonces, ¿Quiénes leen en Venezuela?, ¿A dónde llegan las publicaciones de nuestros escritores, historiadores, poetas? ¿A quienes les llega la revista Memorias de Venezuela o los libros del Perro y La Rana? ¿El venezolano no lee porque no le gusta o porque no se siente motivado? ¿Un taller de sensibilización a la lectura es suficiente para incentivar a futuros lectores? ¿Realmente son efectivas las políticas de motivación a la lectura llevadas por las diferentes instancias de carácter municipal, regional y nacional?. Considero que habrá que reflexionar sobre el tema, porque indudablemente en la ciudad no viven todos los barineses, nuestros libros y revistas tienen que llegar al ciudadano de a pie. Los deseos de leer están en nosotros, solo hay que despertarlos, lectores potenciales existen, solo hay que motivarlos.

Samuel Leonardo Hurtadon Camargo
Luz, lunes 14 de junio de 2010

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Simón Bolívar-Biografía


Bolívar. Parte 1

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IV Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Historia Mérida-Venezuela 2007


Del 5 al 10 de Noviembre se realizará en la ciudad de Mérida, Venezuela, el IV Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Historia. Un evento organizado por estudiantes de la Universidad de Los Andes, que reunirá a más de 60 universidades y 400 estudiantes, quienes discutirán sobre distintos tópicos relacionados con la historia y el saber humano. Para mayor información recomendamos visitar: www.iveleh.com.ve

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IV Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Historia


Título: IV Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Historia
Tema Central: la pertinecia social del historiador en la construcción de la Identidad Latinoamericana
Temática Libre: sobre investigaciones enmarcadas dentro de los estudios históricos
Recepción de resumenes y ponencias: desde el 01/10/2006 hasta Abril del 2007 (Ponencias locales aplican fechas especiales y ponentes de la ULA-financiamiento por DAES)
Publicación de resultados: 01/06/2007
Costo Participantes y Ponentes: 85$ Nacionales y Extranjeros; 45$ Locales (Estado Mérida) (Ver modalidad de inscripción en la pág. Web)
Consultas: información@iveleh.com.ve
Contacto: encuentro@iveleh.com.ve, cuartoeleh@ula.ve
Oficinas: Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes. Av. Las Américas, Conjunto Universitario La Liria, Telefax: (+58)-0274-2401732, Edificio D, 2do piso, Cubículo D-62, Apartado Postal: 5101. Mérida-Venezuela
Auspician: Universidad de Los Andes. Secretaría. Decanato de Humanidades y Educación. Escuela de Historia. Coordinación de la Cátedra Simón Bolívar. Decanato de la Facultad de Humanidades y Educación. Escuela de Historia. Coordinación de la Cátedra Simón Bolívar. La Nueva FCU. CDCHT. DIGECEX. Alcaldía Bolivariana del Municipio Libertador. Fundación IV Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Historia.
www.iveleh.com.ve
País Invitado: Francia
Lugar: Mérida, Venezuela
Fecha: del 5 al 10 de Noviembre de 2007
Diseño Gráfico: Isabel Barreto. Telf.04161776411
Dimensiones: 62 x 44 cms
Rif: J-31696821-9

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III Congreso Sudamericano de Historia. Mérida-Venezuela 2007: desde nuestro pasado a la Comunidad Sudamericana de Naciones.


Título: III Congreso Sudamericano de Historia. Mérida-Venezuela 2007: desde nuestro pasado a la Comunidad Sudamericana de Naciones.
Lugar: Mérida-Venezuela, 19, 20 y 21 de julio de 2007.
Dirigido a: historiadores, académicos, estudiosos de historia y ciencias sociales e investigadores sudamericanos.
Impresión: No especificada.
Diseño Gráfico: sin firma.
Dimensiones: 62 x 29 cms.

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VII Festival de Teatro Estudiantil Isidro Flores 2007.


Título: VII Festival de Teatro Estudiantil Isidro Flores 2007.
Lugar: Teatro Orlando Araujo. Barinas, Venezuela.
Fecha: 4 y 5 de junio de 2007.
Auspician: Fundación Teatro Estudiantil Barinas, Zona Educativa del Estado Barinas, Secretaría Ejecutiva de Educación, Gobierno de Barinas, Instituto Autónomo de Cultura del Estado Barinas, Escuela Básica Nacional Juan Escalona.
Diseño Gráfico: Autor: Yonathan Alexander Yarí Camargo. U. E. Gral. Nicolás Silva, La Luz- Obispos.
Impresión: No especificada.
Dimensiones: 45 x 31 cms.

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